Hoy vamos a hablar de Dominación Femenina, pero desde un punto de vista un poco diferente. Y recordando que todo esto es al fin y al cabo un blog personal y no intenta más que aportar un punto de vista igualmente personal del tema que sea.

La figura de la Dominatrix femenina con un rol clásico gira alrededor del bottom masculino. Esto es, repito, lo clásico.

El travestismo, la transexualidad y otros intereses diversos pueden invertir o diluir esos roles y su identificación con un género, pero eso pasa en cualquier relación donde se den esas circunstancias. Hablamos aquí de Top femenina y bottom masculino.

Este condecorado caballero se divorció porque su señora no quería molerle a palos.

Sadismo histórico

La sumisión masoquista del hombre hacia la mujer viene de tiempos inmemoriales y está registrada desde los rituales a Ishtar, donde cultistas travestidos se ponían hasta las cejas de champiñones del desierto y se flagelaban hasta alcanzar el éxtasis.

Todo suena muy sugerente, pero tiene poco que ver en realidad con el tema de la Dominación femenina. Hay en cambio constancia de un servicio especial que se hizo un hueco en el delicado equilibrio oferta-demanda de los lupanares británicos a partir ya del S. XVI. La flagelación.

Efectivamente, se ofrecían servicios de disciplina flagelante a caballeros, e incluso circulaba una publicidad underground sobre las actividades y localización de lo que llamaban escuelas. Las mujeres practicantes se especializaron con el tiempo y adoptaron el nombre de institutrices.

Estas escuelas tuvieron su popularidad en el Londres de la época. El mismo Jorge IV fue cliente de una de estas institutrices. Y brillante cual lucero en la noche tenemos la figura de Mrs Theresa Berkley, que atendía concretamente en el numero 28 de Charlotte Street, Portland Place, W1T 2NF Londres, Reino Unido.

El Berkley Horse o «chevalet». Aprobado por la Casa Real Británica, como Harrods.

La señorita Berkley no sólo proporcionaba a sus clientes la más nutrida selección artesanal de floggers y látigos (algunos con tiras del grosor de «una rueda de carruaje«), sino que contaba con un nutrido grupo de ayudantes y colaboradoras para aquellos más exigentes, además de inventar muebles de tortura.

El Berkley Horse, cuya imagen está arriba, es la obra más famosa de esta mujer. Permitía suspender a un cliente en diversos ángulos con acceso total para lo que fuera menester. Fue muy popular en la escena de la época e hizo ganar a la amiga Theresa un montón de dinero que invirtió muy sabiamente.

En estas prácticas de disciplina y castigo, en esa visión de la institutriz disciplinaria y torturadora, es donde en mi opinión podemos encontrar las raíces de la dinámica de Dominación femenina dentro del BDSM moderno.

Masoch y el masoquismo masculino

Aunque como podemos ver no es que inventase nada, el noble austriaco Leopold von Sacher-Masoch quedará, a su pesar, eternamente unido al término «masoquismo«.

Leopold vivió en el siglo XIX y pese a sus sesudos estudios sobre el folklore polaco, sus trabajadas sagas épicas y sus valientes artículos y posicionamiento público contra el antisemitismo y a favor de la emancipación de la mujer, sólo se le recordará en realidad por una obra. «La Venus de las Pieles«.

Esta novela es una historia un tanto lisérgica de esclavitud y drama emocional, y Masoch no dudó en llevar a su vida real algunas de sus escenas. De hecho firmó un acuerdo temporal de esclavitud, y se divorció de su mujer al no estar satisfecho en términos de recibir estopa.

Una obra del ilustrador inglés Aubrey Beardsley sobre el tema de las institutrices.

Masoch prestó su apellido al término masoquismo por obra de un psiquiatra alemán que no parece que tuviera ninguna intención más allá de darle nombre a un trastorno. Hasta hoy.

La leyenda de Masoch se ha idealizado con el paso del tiempo y su obra se ha convertido en un clásico de la literatura fetichista. Su legado involuntario ejerce una gran influencia dentro del BDSM actual, y el concepto de esclavitud masculina y servicio a una Dómina ha bebido mucho de sus desventuras.

De la prostitución al fetiche

En su ansia de látigo, Masoch aleja el concepto de servicio masculino de un ámbito estrictamente profesional, como el ejercido por las institutrices londinenses, y lo muestra como una necesidad o craving. El amigo se lo pide a su sufrida esposa, en concreto.

Y ésta es una división importante dentro de la Dominación Femenina. El siglo XX trajo muchas novedades al tema. Principalmente estéticas, pero también en cuanto al alejamiento del fetiche de lo que es la prostitución en sí.

Por la expresión de la señorita, le queda un rato al caballero.

En cuanto a la estética, la incipiente fotografía fetish y el cuero y nuevos tejidos como plásticos o látex (y los tacones de aguja) fueron bien recibidos por una nueva generación de Dominatrix. Una apariencia agresiva, a veces amenazante y la verdad muy fotogénica, que atrajo al ambiente underground de la FemDom a fotógrafos y diseñadores varios.

La liberación sexual que arranca a mitad de siglo permite la aparición de nuevas Dominatrix que se harían más o menos famosas (y hasta saldrían en la televisión) y reconocidas casas especializadas en Hamburgo, La Haya, Nueva York y por supuesto Londres.

No se puede negar que las relaciones sadomasoquistas de Dominación femenina nacieron en el concepto de las casas de citas, igual que no se puede negar que las masculinas nacieron en clubes de moteros homosexuales. Sin embargo no todas las Dóminas son «profesionales», y aún siéndolo, durante el S XX ellas mismas han diferenciado su trabajo de la prostitución explícitamente.

Personalmente no sabría decir si hay un intercambio eminentemente sexual, o al menos explícitamente sexual, en una sesión Dominatrix. Es cierto que en muchas ocasiones el bottom no eyacula ni llega al orgasmo. O incluso no se le permite tocar físicamente o mirar o hablar a la Top. O es usado como objeto de mobiliario o lo que sea sin que se le haga demasiado caso.

Así se las ponían al Imperio Británico

Digamos que no suele haber, para el «cliente», un final feliz. Todas esas actividades se consideran sexuales o se pueden considerar así, pero me refiero aquí a que no tiene por qué haber un acto sexual, con genitales y eso, destinado al placer del mencionado «cliente».

También me parece interesante la existencia de un concepto como el tributo. El tributo no tiene por qué consistir en un pago monetario, pero ciertamente muchas veces lo es. También puede traducirse en regalos, detalles, o actos de otra clase que simbolicen la sumisión a una Dómina en una dinámica estable de D/s, que suponga una relación entre las partes.

Internet y finanzas

Parece claro, aunque sea «históricamente», que existe una relación entre la Dominación femenina y todo esto del tributo por parte de lo(s) dominado(s). El BDSM moderno ha evolucionado mucho, para bien o para mal, se ha normalizado hasta cierto punto y cada vez hay más practicantes, fetiches y formas de pensar diferentes. Y menos protocolo.

Por eso, para terminar esta brasa de artículo, quería comentar cómo en mi opinión la comunicación online ha empujado un renovado espíritu en la Dominación femenina. No es difícil encontrar Dóminas, a menudo muy jóvenes, que se anuncian abiertamente como FinDommes.

Las Dóminas financieras vendrían a ser mujeres Dominantes a las que sus bottoms, voluntariamente (aquí partimos siempre de que hay un consenso mutuo y libre, y ya que estamos, también informado) ofrecen, bueno, sus cuentas bancarias, o tarjetas. Dinero, en resumen, vil metal.

Pazuzu no tiene kik y no encuentra Dominatrix

No son en absoluto una novedad, pero ahora es sencillo estructurar una serie de peticiones concretas en forma de listas de deseos en tiendas online generalistas, y existen muchas aplicaciones móviles para realizar pequeños pagos de forma instantánea.

Esta sencillez y la clara existencia de una demanda han creado un nuevo nicho en lo que podemos llamar la comunidad BDSM. Etiquetas tan psicotrópicas como spolied brats, sugarbabies o sponsored bimbos también orbitan ahora alrededor de ese concepto de tributo oneroso, además en ocasiones desde un rol bottom.

Es sencillo que se den abusos y estafas diversas, y no siempre por el lado que parecería más evidente. Y también hay que reconocer que la clara existencia de simples aprovechados/as de esta dinámica han hecho cierto daño a la reputación de la Dominación femenina en general.

Recordad que todo esto es una opinión personal que no tiene por qué compartir nadie y que podéis mandar comentarios, proponer temas, dudas o críticas constructivas mediante el formulario de contacto.

¡Y que lo importante sigue siendo divertirse!