Hoy vamos a hablar de sadismo y masoquismo sexual. Pero debo advertir que este artículo va a ser una brasa importante. Asaltaremos el tema a ver cómo ha evolucionado la percepción de ambas cosas por el campo del DSM y el diagnóstico mental, más o menos.

En este artículo no hablaremos del sadismo y el masoquismo fuera de su consideración sexual, pero podría ser también un tema interesante tratar esto en su aspecto mental o de integración en una dinámica.

Tanto el sadismo como el masoquismo, en su vertiente de «trastornos sexuales», aparecen ya de antiguo en un manual diagnóstico con cinco ediciones y algunas revisiones llamado DSM (Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, en cristiano).

Comparado con una institución mental de los años 40 esto es Disneylandia amigo.

El DSM-I (1952) es una apasionante colección de criterios un poco a lo Libro Rojo de Mao para identificar una serie de más o menos extrañas patologías mentales. Yo no soy psiquiatra, pero hojear el DSM-5 (2015), el DSM-IV (1994) o el DSM-III-R (1987) me deja sin duda la sensación de que está todo cogido con alfileres, personalmente.

La razón puede ser simple. En su origen lo estuvo. El DSM fue un intento de unificar información entre la aterradora psiquiatría civil de los años 40, los médicos de ejército estadounidense lidiando en el frente y la asociación de veteranos de ese ejército, que recibía un goteo constante de excombatientes con verdaderos problemas para reintegrarse en sociedad tras todo lo visto y vivido.

Cada uno tenía su nomenclatura y consideraciones sobre lo que se iba encontrando en sus pacientes, y al final se impuso cierta cordura para dar forma a un documento unificado de criterios diagnósticos para lo que en cada momento se identificaba como «trastorno mental». Unos criterios no muy aclaratorios a primera vista, la verdad, pero supongo que un médico se merienda sus años de carrera para saber leer entre líneas.

El amigo DSM I en cuestión.

Las diversas ediciones y revisiones de este documento han provocado no pocas críticas por parte de la comunidad que estudia estas cosas. Algunas bajo criterios médicos y bastante incisivas acerca de su utilidad real. Y tampoco ha estado exento de polémica social. El DSM-II fue publicado en 1968 y seguía incluyendo la homosexualidad como trastorno mental, lo que provocó protestas y un estudio que al final la sacó de la lista hacia 1973.

El estreno del sadismo y el masoquismo como trastornos sexuales con texto propio llegó en el DSM-II, en 1968. El DSM-II incluyó varias novedades respecto a la primera edición, y una fue llenar los detalles de algunas «desviaciones sexuales» ya citadas y de paso añadir otras, que incluían fetichismo, voyeurismo, travestismo, exhibicionismo y pedofilia. Y la homosexualidad, que como ya hemos dicho se eliminó más adelante.

A Pazuzu no le gusta ser un trastorno de identidad disociativo. Prefiere la posesión clásica.

Sadismo sexual

Pese a que el DSM-I sí nombra explícitamente el «sadismo sexual», el DSM-II recoge el guante con el escueto término «sadismo», en general, metiéndolo en un cajón de sastre bajo la maravillosa definición «individuals whose sexual interests are directed primarily toward…coitus performed under bizarre circumstances» . O sea, gente cuyos gustos sexuales son así, bueno, raros.

Hay que tener en cuenta que el término «parafilia» (que viene a ser un patrón de comportamiento sexual atípico, supongo que atípico en su contexto temporal o cultural) no aparece hasta el DSM-III (1980), y es entonces cuando se desarrollan los criterios del «sadismo sexual» bajo ese nombre concreto.

En esos criterios diagnósticos del DSM-III el sadismo sexual incluye toda aquella conducta que produzca excitación erótica relacionada con provocar humillación o dolor físico, leve o severo, hacia otra persona, exista consentimiento o no.

O sea, que a todos los sádicos, según esto, sea en el contexto que sea, me los lobotomizan y que babeen en el fondo de la sala.

En 1995 llegaba el DSM-IV, que mantuvo la nomenclatura «sadismo sexual» y su definición general, pero agregó a esta categoría bastantes detalles. Aparecen el spanking, las inmovilizaciones, los golpes y demás, aunque se nombran junto a la violación o la mutilación física.

Se insiste también en el DSM-IV en fijar la faceta mental del sadismo, el intercambio de poder y la excitación sexual que provoca la humillación activa y todo eso. Aunque se reconoce la posible existencia de un consentimiento informado, eso aún da un poco igual.

Para resumir, todos unos tarados y punto. Y por cierto, por lo que parece es una condición crónica.

Quizá algunos más tarados que otros.

Es curioso también que uno de los criterios diagnósticos en este DSM-IV se refiera a que las acciones, fantasías o pensamientos del sujeto interfieran con su vida cotidiana, por así decirlo. Algo que no debe ser fácil de valorar y que depende mucho del contexto de cada individuo.

Llegó en 2013 el flamante DSM-5, al que le dieron un buen lavado de cara y un enfoque menos casposo, no sin críticas. En el tema que nos ocupa la nueva edición introdujo un cambio muy importante. El consentimiento.

Así, pese a mantener esa vaporosa condición de la interferencia en la vida cotidiana y el simple deseo como síntoma, el criterio diagnóstico señala que se puede hablar de patologías sólo cuando el sadismo afecte a sujetos que no consientan. Además se abre la posibilidad de que el sujeto pueda desarrollar el sadismo en un entorno controlado.

Ese entorno controlado bien podría ser la comunidad BDSM, y hay que reconocer que en muchas ocasiones el encontrar un espacio donde poder explorar y desarrollar esos aspectos de la personalidad de cada uno (llamémoslos así) alivia esa preocupación personal o interferencia cotidiana que se establece como criterio diagnóstico.

Masoquismo sexual

Vamos a la otra cara de la moneda. El masoquismo. El sexual, porque del mental ya si eso otro día.

El masoquismo sexual aparece en el DSM-I y el DSM-II como «masoquismo», en el segundo caso agrupado con el «sadismo sexual» en el bloque de los que tienen gustos raros. No es hasta el DSM-III donde consigue su propio espacio al igual que su complemento natural.

El DSM-III define el masoquismo como el hecho de obtener placer sexual al ser objeto de actos mentales o físicos de humillación, inmovilización, dolor y todo eso. La importancia de este diagnóstico es que el sujeto debe haberse prestado activa y voluntariamente a esas situaciones con el objeto de excitarse sexualmente.

También se incluye su faceta mental, que encaja con la humillación y degradación que se ya se cita en el sadismo sexual. Relacionado con el masoquismo, se eliminó en una de las revisiones del DSM-III (1987) el llamado «Trastorno de personalidad autodestructiva«. Que no sé si existe o no, pero yo juraría que lo he visto.

En resumen, hasta aquí los masoquistas son unos tarados también, pero porque ellos quieren. Por cierto, también es un trastorno crónico.

Le Rêve d’un flagellant, o El Sueño de un flagelante, de Georges Topfer

En mi opinión, la definición del DSM-III es algo más acertada que la que aparece en el DSM-IV. Ésta última añade como criterio aquello de que el masoquismo afecte negativamente la vida cotidiana o el bienestar mental del paciente, algo muy interpretable.

Lo que resulta curioso en el DSM-IV es la cascada de fetiches relacionados con el masoquismo que se dispara a cara descubierta. Se habla de scat, breath play, diaper play, privación sensorial, autolesiones, látigos, cosas eléctricas o Dd/lg. Y hasta da un poco de charla sobre los riesgos de algunas prácticas.

Todo muy interesante, pero se acorta en el DSM-5, quizá para no dar ideas. Los criterios diagnósticos son iguales que en el anterior, pero se introducen las mismas especificaciones de entorno controlado que en el sadismo, y además una evaluación concreta sobre el breath play, supongo que por kung-fu o el cantante de INXS.

Entonces, ¿estamos tarados?

Pues respecto al DSM-5, que es lo que manda ahora, hay que quedarse con estas cosas.

Sobre el sadismo:

«The majority of individuals who are active in community networks that practice sadistic and masochistic behaviors do not express any dissatisfaction with their sexual interests, and their behavior would not meet DSM-5 criteria for sexual sadism disorder. Sadistic interest, but not the disorder, may be considered in the differential diagnosis.»

Lo cual quiere decir:

«La mayoría de individuos que son miembros activos de comunidades que practican conductas masoquistas y sádicas no expresan ningún tipo de insatisfacción sobre sus intereses sexuales, y su conducta no se correspondería con los criterios del trastorno de sadismo sexual en el DSM-5. El interés hacia el sadismo, pero no el trastorno, puede ser tenido en cuenta en la diagnosis diferencial».

Algunas personas suelen pensar que soy un enfermo mental, pero luego ven el helicóptero y se les pasa.

Y sobre el masoquismo:

«Sexual masochism in the absence of distress (i.e., no disorder) is also included in the differential, as individuals who conduct the behaviors may be satisfied with their masochistic orientation.»

Que viene a ser:

«El masoquismo sexual en ausencia de malestar (sin responder a un trastorno) tamnién se incluye en el [diagnóstico] diferencial, ya que los individuos que llevan a cabo esas conductas pueden estar satisfechos con su orientación masoquista.»

Así que en principio no estamos todos oficialmente tarados. Quiero decir que la mayoría lo estamos, pero probablemente por otras cosas. Nada que temer. Circulen. Todo correcto.

Como siempre recordad que podéis poneros en contacto con este blog para aportar dudas, ideas, temas o críticas constructivas.

¡Y recordad que, enfermos mentales o no, lo importante sigue siendo divertirse!