Vamos con otro tema propuesto por uno de nuestros escasos lectores mediante nuestro formulario de contacto.

El Edging (que se puede traducir a nuestro idioma como «bordear», supongo) es una técnica que a grandes rasgos consiste en llevar a una persona a un estado de excitación sexual próximo al orgasmo, pero sin llegar a provocarlo. Es un concepto que se relaciona en ocasiones con el sexo tántrico, y se construye sobre la probada idea de que el orgasmo y la eyaculación no tienen por qué ser lo mismo. Para este artículo vamos a dejar aparte la energía del universo y todas esas cosas y centrarnos un poco más en su parte práctica.

Apropiado tanto para la excitación masculina como femenina, ya sea por medio de la masturbación o el mismo acto sexual de toda la vida, el edging en un contexto BDSM proporciona diversas oportunidades de juego dentro de una dinámica D/s que pasan por el refuerzo del control del placer obtenido por la parte bottom o también la búsqueda de orgasmos más intensos retrasando conscientemente el momento del clímax.

Aquí una señorita que va a interrumpir el momento de una forma aparentemente efectiva.

Como práctica, los mejores resultados se obtienen una vez se ha establecido una complicidad suficiente entre las partes como para que Top y bottom (establezcamos por comodidad que la parte Top es la que maneja el estado de la parte bottom) sepan leer las señales verbales y no verbales que indican que la otra persona va a lanzarse al orgasmo. Es entonces cuando la parte que lo provoca disminuye el ritmo o cambia el movimiento e interrumpe el momento, bajando la excitación de la víctima para luego reanudar el juego.

Las sensaciones que provoca esta práctica son variadas y pueden ir de la frustración erótica (o real) del momento a un estado de excitación constante que con un poco de insistencia puede traducirse en momentos parejos al subespace y cierta disociación de la realidad.

Su incorporación dentro de una dinámica D/s sugiere diversas aplicaciones. Puede ser un juego en sí mismo, centrándose en el control del orgasmo de la víctima por parte del verdugo, pero también puede ser un buen complemento en escenas que impliquen humillación, begging, control efectivo del orgasmo, aumentar la tolerancia a ciertas situaciones eróticas, como castigo o simplemente como un ejercicio para aprender a alargar los momentos de placer, teniendo en cuenta que es una interesante forma de aumentar la intensidad del orgasmo una vez éste llegue a producirse.

La cosa se pone en «on» y ya volveremos cuando eso.

Es apropiado también considerar que es una práctica muy adecuada para realizar en solitario, mediante la nunca bien ponderada masturbación, y una buena forma de conocer mejor las reacciones del propio cuerpo, algo que puede mejorar de forma efectiva la vida sexual de cualquiera. Es incluso una forma de masturbación que se llega a recomendar para mejorar casos de eyaculación precoz en los hombres.

Hablando de hombres, esa gente con penes y tal, el edging puede practicarse de una forma tan sencilla como deteniendo la masturbación cuando el orgasmo está a las puertas. Una vez interrumpido ese punto de aparente no retorno se puede aminorar el ritmo o incluso abandonar la práctica durante unos minutos, para retomarla luego. También se pueden usar técnicas de estrangulación del pene desde su base o la cabeza (a ser posible con un poco de cuidado y tal).

Es muy importante indicar que el edging, en su vertiente masculina, no es un método para alargar la erección de un pene (y me refiero en el tiempo, no en el tamaño) sino para aprender a identificar esos momentos cercanos al clímax y gestionarlos de una forma controlada. El pene tiene sus procesos biológicos propios relacionados con la excitación sexual y durante una sesión en la que se incorpore el edging pasará por diversos estados de dureza y todo eso. Mantener una erección completa de forma «artificial» durante largos periodos de tiempo nunca es aconsejable, en realidad. Para más detalles, consulten a su sexólogo de cabecera.

Por el lado femenino, la práctica del edging es también popular. Es cierto que muchas mujeres pueden encadenar varios orgasmos en un periodo de tiempo corto. Y sin embargo aprecian la práctica en cuanto es un ejercicio que les puede conceder un control real sobre cómo y cuándo desencadenarlos, llegando a ese mítico (pero no tanto) estado en el que es posible alcanzar el clímax más o menos a voluntad.

Así de fino se nos ha quedado Pazuzu de tanto edging.

Algunas mujeres encuentran esa situación de inminente placer que nunca se acaba de producir más satisfactoria que el orgasmo propiamente dicho y, al igual que en su versión masculina, es un buen método para comprender y manejar las reacciones del cuerpo ante estados de placer inminente, lo cual redunda en una sexualidad más satisfactoria y una mayor comprensión de la propia sexualidad.

Las mujeres (con vagina, clítoris y demás, se entiende) pueden interrumpir el momento del clímax mediante cambios de ritmo, cambiando el método de estimulación (pasando del clítoris a la vagina o al revés, por ejemplo) o incluso mediante la práctica con el uso de vibradores u otros objetos que proporcionen una estimulación de baja intensidad o que se pueda regular en los momentos adecuados.

El edging es una práctica muy personal, ya que afecta de forma diferente a cada individuo, y aunque puede usarse como una forma de cruel tortura en contextos de «intercambio de poder» es también un ejercicio que bien aplicado puede traducirse en una mejora palpable de la vida sexual, tanto en individuos como en parejas (o bueno, tríos, cuartetos u orquestas sinfónicas al completo). Aunque normalmente es un concepto relacionado con el BDSM no deja de tener una parte terapéutica que puede ayudar en diversas situaciones más o menos incómodas a nivel sexual.

Tan sólo recordar que todo lo de arriba es la visión personal del que esto suscribe, ya que sobre todas estas cosas hay miles de opiniones y ninguna es necesariamente más válida que otra. Recordad que podéis comunicaros con este blog mediante el formulario de contacto si queréis proponer temas, críticas constructivas o incluso colaboraciones.

Y sobre todo recordad que lo importante es divertirse.