Por petición a través de un mensaje de nuestro formulario de contacto vamos hoy a tratar una práctica o juego no apto para novatos, gente con asma o que se despiste fácilmente. Hablamos del waterboarding, una de las formas más simples y extremas de breathplay o control de la respiración, una a la que hay que tenerle tanto miedo y respeto como a un inspector de hacienda que arquea una ceja mientras ojea tus facturas de autónomo.

El término «waterboarding» como tal, también llamado en español submarino, apareció por primera vez en 2004 en un artículo de prensa sobre los métodos de interrogación de la CIA estadounidense, pero el uso de esta forma de tortura (sí, esto es tortura de verdad) ya tiene un largo recorrido histórico que se remonta presuntamente a la Inquisición Vaticana. Una institución que refinó allá por siglo XV sus ya muy completas técnicas para suavizar a los herejes, provocando un gran interés por parte del resto de Inquisiciones europeas, siempre atentas al I+D en según qué campos.

Uno trabaja, el resto mira. Muy de aquí.

A partir de ahí se usó como método de interrogación fácil y cómodo en multitud de países y épocas (como en Paises Bajos, Francia, Japón, Camboya, Filipinas o EEUU) hasta el punto de ser prohibido en diversos momentos por la Convención de Ginebra (1929 y 1949) que intentaba establecer unas normas internacionales respecto al trato de prisioneros de guerra, o debatida en la misma ONU (2007). Sin que nadie hiciera ni pajolero caso a ninguna de las dos, por cierto.

En 2005 la CIA admitió abiertamente el uso de esta técnica en sus interrogatorios a miembros de al-Quaeda y el Departamento de Justicia de EEUU publicó en secreto en 2002 y 2005 una serie de informes negando su condición de tortura, condición que en 2007 seguían negando. Existen aún sujetos que la niegan, entre ellos algún ex-videpresidente de los EEUU, por lo que nunca se ha abandonado del todo. Eso son más de cinco siglos de waterboarding alrededor del mundo.

La razón de esta longevidad está clara, en mi opinión. Es una práctica muy sencilla y a la vez tremendamente eficaz, que no necesita de un equipo de ebanistas para la construcción de potros, rodillos o cepos ni tampoco requiere encontrar una batería de tractor en la selva de Hanoi para dar chispazos a John Rambo. Un trapo, un poco de agua y a confesar, maldito hereje.

Como digo, el funcionamiento del waterboarding no tiene mucho misterio. Con la víctima acostada o reclinada, para ser profesional ha de hacerse con la cabeza por debajo de la altura de los pies, el trapo (o toalla o lo que sea) se coloca cubriendo la cara del sujeto, concretamente su nariz y su boca. Luego se vierte agua sobre el trapo y voilà.

La boca y senos nasales de la víctima se llenan de líquido, y el cuerpo activa el reflejo de la náusea (gag reflex), que expulsa el aire contenido en los pulmones. Cuando la víctima quiere volver a tomar aliento el flujo de agua lo evita y se provoca una sensación muy violenta de ahogamiento que poco tiene que ver con la estrangulación manual, el ahorcamiento u otras prácticas más o menos típicas dentro del breathplay.

Pazuzu prefiere estrangularnos a todos con sus propias manos, pero no ve mal lo del trapo y la regadera.

El trapo evita que el líquido sea expulsado, pero también que los pulmones se llenen de él de forma inmediata. El control reside en el ritmo en el que el líquido se vierte, derramándolo sobre el tejido en series de varios segundos y parando entre una y otra. Esto provoca que la sensación de ahogamiento nunca se convierta en una asfixia real, algo que ocurriría si se inundaran los pulmones.

Este hecho, aparte de conceder a esta práctica el curioso nombre de asfixia en seco, aporta un elemento psicológico de control muy difícil de resistir, por no decir imposible. La ansiedad creada impulsa a la víctima a necesitar más aire, pero no lo puede obtener, por lo que son habituales los espasmos de cierta violencia, que pueden llevar a dislocaciones e incluso fracturas si la víctima está atada o inmovilizada de alguna manera.

Como punto de humanidad, se puede quitar el trapo durante unos breves segundos en los que la víctima pueda tomar aire o vomitar, sólo para volver a repetir el proceso. Ahora que lo pienso no sé hasta qué punto es humanidad. El waterboarding produce efectos inmediatos y un gran sufrimiento físico y mental, traducido en situaciones de pánico que pueden ser incontrolables.

No recomiendo esta práctica dentro de un contexto BDSM, aunque los aficionados al breath play la encuentran tremendamente atractiva. Para hacernos una idea, en experimentos con voluntarios militares, el waterboarding sin interrupción no se ha podido llevar más allá de alrededor de los quince segundos. Algo me dice que los Jemeres Rojos tienen el récord mundial ahora mismo.

Estudiantes respresentando un día laborable en Guantánamo.

Pero que yo no la recomiende no quiere decir que no seamos adultos ni libres de experimentar en un entorno SSC, así que me voy a permitir dar una pequeña serie de tips basados en mi experiencia personal, siempre SSC. Algunos de los sujetos que han pasado por esta técnica a nivel militar han sufrido episodios de estrés postraumático y ataques de pánico recordando la experiencia, y durante su uso se camina por una fina línea en la que es sencillo que el bottom se desvanezca y menos complicado de lo que parece provocarle estados más graves, como el coma o el irse a criar malvas. ¿He dicho ya lo del SSC?

Si creen que exagero me da lo mismo. Ustedes sabrán:

  • Si la parte Top no tiene experiencia, es mejor que las primeras sesiones se hagan bajo la supervisión de alguien que sí la tenga y se mantenga al margen de la habitual euforia primeriza que todo juego nuevo conlleva.
  • No inmovilizar a la parte bottom, y permitirle cortar cuando lo desee y quitarse la toalla o trapo o lo que sea de la cara cuando lo necesite. Las primeras veces suele ser a los dos segundos o menos. También es útil establecer un gesto de seguridad, como el tapout de las artes marciales.
  • No practicar este juego si la víctima sufre algún trastorno respiratorio. Como asma, por ejemplo.
  • No subestimar la vertiente mental de una sesión de waterboarding, por corta que sea. Un buen aftercare debe centrarse también en el pánico y la posible ansiedad que el bottom pueda sufrir. Deberían hablarse todos esos sentimientos.
  • No emocionarse y querer repetir como un loco por muy excitante que resulte la práctica tanto para un Top como para un bottom. El breathplay es mucho más bonito sobre el papel, y desvanecerse por falta de oxígeno es peligroso, puede dejar secuelas y necesita un periodo de recuperación más o menos largo. No es como en las películas.
  • Recomendaría mucho asistir a algún curso de primeros auxilios si se pretende explorar esta clase de cosas. Los accidentes ocurren y todo el mundo controla mucho hasta que se ve en una situación complicada. No está de más tener una idea de qué hay que hacer si pasa algo.
  • No consumir alcohol ni ningún tipo de drogas, legales o no, si se van a explorar estas prácticas. Especialmente estimulantes que den una falsa sensación de seguridad o de resistencia a cualquiera de las partes. Tampoco depresores del sistema respiratorio o tranquilizantes. Ninguna.

De nuevo insistir en la responsabilidad y el sentido común del que se entregue a esta clase de cosas, y recordad que podéis poneros en contacto con este blog mediante su formulario de contacto para aportar artículos, sugerir temas o ideas y hacer críticas constructivas.

Y recordad que lo importante es divertirse. Pero con un poco de cabeza.