A todos los que nos interesa el BDSM nos gusta pensar que es un concepto arcaico, enraizado en la misma historia de la humanidad. Tendemos a ver los datos del pasado con los ojos de hoy y asumimos que las obras de Sacher-Masoch o Sade están más cerca del concepto moderno del BDSM de lo que en realidad están.

Famoso fresco de la etrusca Tumba de la Flagelación, circa 490 a. C. que muestra a dos hombres azotando a una mujer mientras hacen sus cosas.

Los fetiches (ahora kinks) que aparecen en esa literatura clásica y de calidad más o menos cuestionable fueron considerados trastornos mentales durante mucho tiempo, y aunque hoy el sadismo y el masoquismo en un contexto de sexualidad consensuada ya no se ven como tales, se siguen considerando patologías en sus formas, digamos, «puras».

La construcción del BDSM tal cual lo vemos ahora, con sus princesas y sus Sugardaddies, es cosa de la década de 1990. Parece que fue ayer, pero teniendo en cuenta que hay gente que cree que Nirvana es una marca de ropa, igual es que soy más viejo de lo que creo.

Las dinámicas de Dominación/sumisión actuales, que son en teoría el fundamento de toda relación BDSM donde se sepa quién es quién, tienen su origen en una forma de relaciones sociales de origen queer concreta, los clubes de motoristas, y en un contexto histórico y temporal definido, la Segunda Guerra Mundial.

La Old Guard se construyó como una escena tremendamente heterogénea que combinaba una estética y una conducta similares, pero ni mucho menos monolíticas ni establecidas tal cual. Comenzó a florecer tras la vuelta de los reclutados, década de 1950. Durante esa Segunda Guerra Mundial un gran número de jóvenes estadounidenses, que por estadística pura incluía muchos hombres homosexuales, vivieron en un contexto homosocial que imponía disciplina férrea, hacía crecer los lazos de camaradería y favorecía un sentimiento de pertenencia muy acusado. Lo que se llama el ejército.

Pazuzu aprueba el cuero, por norma general.

Muchos de esos veteranos de guerra homosexuales trajeron consigo ese punto de lo militar y lo trasladaron al contexto de una moda que crecía como setas en todas las ciudades americanas. Los clubes moteros. Con el tiempo los clubes moteros y la escena gay propiamente dicha acabaron separándose, pero en un inicio una cosa era la otra.

Los clubes moteros fueron probablemente los primeros grupos gay organizados que existieron y toda esa camaradería militar permeó el ambiente de la época. La camaradería no vino sola. La muy rigurosa disciplina militar vino detrás. El uso de códigos verbales comenzó a favorecer una cultura propia, como los términos mandolina o saxofón para distinguir las tendencias masoquistas o sádicas.

Así es como se desarrolló en esos clubes lo que ahora conocemos como protocolo. Las relaciones dentro y entre esos clubes incluían un intrincado sistema de contactos y posición social que se convirtió en la base del respeto adquirido por sus integrantes, y una serie de prácticas aceptadas que acabaron incluyendo el contacto visual, la forma de comportarse, caminar o hablar, el contacto físico y el tratamiento personal. Es esa posición social y ese tratamiento personal lo que da lugar al uso de títulos honoríficos como forma de respeto, por ejemplo Sir o Master.

El hecho de que toda una generación de hombres hubiera pasado por el ejército facilitó la unión entre sexo y disciplina, o autoridad. Los clubes moteros se iban de fin de semana a circular por ahí, estrechaban lazos, bebían cervezas y también desarrollaban prácticas sexuales que incluían sadismo y masoquismo, que entonces eran vistas como rough sex por sus practicantes y como el mismo diablo por todos los demás.

La parte estética de la Old Guard responde a criterios eminentemente prácticos relacionados con pegarse una galleta en moto. El cuero era el mejor material para minimizar los daños de rodar por el asfalto, y progresivamente la ropa de cuero se configuró como un uniforme que se ganaba en medida al respeto conseguido por cada integrante. Con el paso del tiempo aparecieron los complementos, en forma de muñequeras, brazaletes, collares y demás, y también se aplicó un completo protocolo de vestimenta.

Estos clubes fueron creciendo en cada ciudad de los EEUU y con su crecimiento se reforzó la estratificación jerárquica y su actividad. Se convirtieron en una fuente casi exclusiva de información sobre sexualidad más o menos alternativa y así nació también la figura del Mentor. Eran grupos de gente que ofrecían un espacio seguro y un refugio para muchos jóvenes que no podían vivir su sexualidad libremente en la época.

Pero a la vez esto también favoreció el control de ciertos miembros sobre las asociaciones y la aparición de conductas abusivas por parte de esos miembros que las controlaban, y que curiosamente no siempre adoptaban un rol Dominante.

Clásico como las estatuas griegas.

Ese crecimiento se tradujo también en cierta pérdida de credibilidad, por cuanto los protocolos podían cambiar bastante de ciudad en ciudad y los miembros más inexpertos empezaban a sufrir formas cada vez más complejas que se inclinaban por el mantenimiento de un statu quo. La aparición de los establecimientos y bares de la escena leather y el paso del tiempo comenzaron a convertir la cosa en algo que ya rozaba el tradicionalismo, marcado por rituales y códigos secretos que los miembros más establecidos usaban en su favor.

La época doraba de estos clubes se desarrolló durante los 60, y aguantaron el tirón de los 70. Sin embargo la Guerra de Vietnam, que podía haber impulsado una renovación, devolvió a casa a toda una generación traumatizada y perdedora que ya no estaba para juntarse en clubes de hermandad. La aparición del SIDA en los 80 sería probablemente el golpe definitivo para la escena, que nunca se recuperó.

La Old Guard aportó al BDSM gran parte de unos cimientos que siguen vigentes hoy en día, y como tal hay que reconocerlo. Sirva este breve artículo como pequeño homenaje a todos aquellos encuerados que rodaban libres para azotarse y otras cosas animadamente sin que nadie les juzgara.

Siempre podéis poneros en contacto con este blog para exponer dudas, sugerencias y críticas constructivas. Y recordad que lo importante es divertirse.

La imagen que encabeza este artículo es la del excelentísimo señor Robert John Arthur «Rob» Halford, Metal God, cantante de la banda Judas Priest que normalizó el uso de la estética leather dentro de un género tan aparentemente hostil a ella como el Heavy Metal y que se declaró públicamente homosexual en 1998.