Pese a su supuesta condición de tabú, hay pocos bottoms que no fantaseen con el concepto de humillación o degradación. La mayoría más de lo que están dispuestos a admitir.

Hoy en día la humillación se ha convertido en una inmensa y espinosa maraña que esconde un manojo heterodoxo de prácticas, algunas de las cuales sonrojarían al mismísimo Pazuzu.

Pazuzu intentando entender lo que es un Sugardaddy

La humillación en sí no parece tener mucho misterio. Se diría que cualquier trato vejatorio hacia un bottom (y recordemos que en este blog siempre se supone un contexto de consenso) supone un juego de humillación. Sea de palabra (insultos más o menos gratuitos) o de obra (no llevar ropa interior).

Generalmente dividida en mental y física, la humillación «corriente» es fácil y divertida. Y puede incorporada a otras dinámicas de forma bastante transparente. En este artículo quiero hacer una reflexión personal y bastante cacharrera sobre la humillación mental que espero sirva como una primera entrada sobre el tema.

La humillación «corriente», habitual fetiche vainilla un poco picantón, «Oh sí, llámame zorra/cerdo», se queda al nivel del insulto de mal gusto. No es una humillación real del bottom, que puede o no puede ser un cerdo o sentirse como tal. Eso da igual, es una degradación gratuita. Con forma, pero sin fondo.

La humillación «profunda» es la que va un paso más allá, y entraría ya dentro de un cierto tipo de sadismo mental, donde el Top aguijonaría los aspectos mentales o físicos del bottom que realmente le producen vergüenza o ansiedad de algún tipo.

La variedad es amplia y siempre se puede entrar cual elefante en una chatarrería. El aspecto físico en general, peso, altura, formas, tamaños y demás siempre suele ser un punto más o menos débil de todo el mundo. Si nos sentimos valientes, la simple revelación vía cuenta de Facebook de las costumbres sexualmente pecaminosas de un kinkster acérrimo, y que así lleguen gráficamente a sus más allegados o compañeros de trabajo, puede tener consecuencias que cambien vidas.

Pero el refinamiento es la humillación que se revela cruel, la que realmente hiere los sentimientos o la integridad moral del bottom con hechos reales y concretos de su intimidad. Esa es la que todo el mundo dice buscar y pocos pueden gestionar debidamente. Es un punto donde se necesita un trabajo importante de comunicación y complicidad, donde el bottom realmente pone en manos del Top una serie de circunstancias o detalles personales con la intención de ser degradado por ellas.

Una vez en esta dinámica muchos bottom se arrepienten de dónde se han metido, y los comentarios y tareas que se ponen en marcha, aunque recibidos con aparente interés y morbo, dejan una inevitable herida que evidentemente ni Top ni bottom desean que se produzca. Y que además puede revelarse a medio plazo, por ejemplo oculta por las buenas intenciones del bottom de no defraudar a su Top.

La humillación dentro de entornos de sadismo personal debería controlarse con extremo cuidado entre las dos partes implicadas, intentando encontrar un difícil equilibrio a base de mucho hablar. Cosa que no es siempre posible o que sencillamente no ocurre.

Como siempre se ha dicho por aquí, lo importante es divertirse. Y la humillación puede ser divertida en ciertos contextos o convertirse en un asfixiante páramo de donde no siempre se puede salir con la cabeza en su sitio. Sentido común y paciencia.

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