El castigo en el BDSM. Algo que puede provocar temor. El castigo es infligido por el Top hacia el bottom cuando éste se ha saltado alguna de las reglas o acuerdos consensuados. Lo que viene a ser la parte sumisa portándose mal, desobedeciendo o no cumpliendo los acuerdos de la relación.

Como es el Top el que educa y “moldea” al bottom, se espera que la parte sumisa cumpla con las expectativas de éste que hayan sido pactadas previamente. Si no es así, el castigo pasa a ser el correctivo ante el mal comportamiento.

Dentro del BDSM podemos encontrar otras interpretaciones del término, como “forma de juego intenso”, no teniendo el objetivo de corregir y/o cambiar una conducta. Dada la flexibilidad del concepto, en este post se considera el castigo como método disciplinario.

El castigo puede ser utilizado por diversos motivos. Levantar la voz, contestar y/o retar al Top, no hacer las tareas pactadas, no obedecer ante una orden, comportarse en público de manera inapropiada… Todos esos son sólo algunos de los ejemplos clásicos que pueden conllevar la acción punitiva. Estos motivos no son universales y todo depende de lo pactado y consensuado previamente, así como de la dinámica existente entre las dos partes.

A la hora de imponer un castigo, la parte Dominante debería plantearse el tener en cuenta:

  • Guardar la proporcionalidad. ¿El castigo es ajustado a la mala conducta de la parte sumisa? Adaptarse a la realidad es el mejor aliado y el castigo puede y debe ser también una herramienta educativa
  • No castigar en caliente. La parte dominante debería pensar dos veces antes de imponer el castigo para quizás no infligir un castigo desde la cólera y la desproporcionalidad.
  • No imponer castigos gratuitos o arbitrarios a no ser que se haya pactado así. Ya que pierden el objetivo de educar o corregir.
  • Conocer a la parte sumisa lo suficiente. Si tu bottom es masoquista seguramente sabrás de sobra las prácticas de dolor que le gustan. Un castigo disciplinario no conlleva placer, sino dolor o sensaciones negativas para corregir el comportamiento. Elige el castigo que moleste o “dañe”.
  • Si el castigo es físico, puede ser interesante que esté unido al mental. La mente es la peor aliada y la que debe hacer que cambie la conducta.
  • El castigo no tiene porque ser tan solo una práctica. Se pueden combinar tanto el físico (por ejemplo los clásicos azotes) como el mental (humillación, indiferencia…)
  • Los castigos deben ser aceptados por la parte sumisa. Respetando límites y otros términos consensuados.
  • Los castigos pueden ser razonados y explicados por la parte Dominante. Es siempre positivo indicar por qué se castiga y los motivos del descontento que han llevado a la necesidad de castigo.

Existen multitud de formas de castigo. La imaginación es sin duda la mejor aliada para buscar métodos y la complicidad entre las partes es fundamental. Algo que moleste, que incomode, pero sobre todo que haga pensar para evitar esa clase de comportamientos futuros en la sumisa o el sumiso.

  • Humillaciones verbales.
  • Humillaciones físicas como castigos clásicos: posturas de rodillas, sentarse en el aire, agacharse con un pie y mantener el equilibrio apoyando un dedo en el suelo, colocar a la sumisa de rodillas y brazos en cruz con libros en cada mano o sosteniendo cosas tales como bandejas, etc.
  • Humillaciones mentales como la indiferencia por parte del Dominante o restricciones a la sumisa en el uso de la ropa, uso de las manos y no de los cubiertos para comer, restricciones en la comida…
  • Negación del placer a la parte sumisa durante un tiempo determinado.

Y recuerden como siempre ¡lo importante es divertirse! Aunque con los castigos es más que difícil. Dejémoslo en ¡lo importante es aprender! No olvides comentar o contactarnos si tienes algo que aportar