El objeto cotidiano es todo aquel que nos rodea en nuestras casas. A veces triste y abandonado. Son esos palillos chinos olvidados que nos mandan cada vez que pedimos comida al Muralla Feliz y nunca supimos usar, esas chinchetas que nos amenazan desperdigadas en el fondo de un cajón.

Siempre movidos por el espíritu didáctico del BDSM, aquí os traemos, a modo de cajón de sastre, algunas ideas a voleo sobre objetos del día a día y su uso en juegos, castigos y otras actividades más o menos lúdicas. Hay que tener en cuenta que no es una lista ordenada ni extensiva en absoluto y que con un poco de imaginación las posibilidades son inabarcables. De hecho os animamos a dejar las vuestras en los comentarios.

También hay que tener en cuenta que algunas actividades, intervengan objetos cotidianos o látigos de nueve colas, entrañan un riesgo. Como siempre, queremos recalcar la sombra interminable de lo SSC. No animamos ni incentivamos ninguna práctica fuera de los cauces que marcan lo sensato, lo seguro y lo consentido, no necesariamente en ese orden.

Los azotes, el spanking, son para muchos fundamentales en el juego. Es probablemente el juego más fácil de llevar al dominio de lo cotidiano.

Los cepillos de pelo anchos (por la parte que no peinan, se supone) son populares, pero ofrecen una contundencia limitada. En cambio una pala de ping-pong puede ser un arma de destrucción masiva en las manos adecuadas. Hay todo un espectro de utensilios útiles pero no hay que dejarse llevar por la emoción.

Digo esto último porque los materiales modernos dejan mucho que desear. Un rango tan amplio como esos juegos de utensilios de cocina para remover y servir se rompen fácilmente al estar hechos de triste plástico. En cambio usar las espátulas de la abuela, en conveniente metal duradero, puede ser demasiado. Ambos pueden provocar heridas fácilmente y es conveniente usarlos con ojo. Las mandolinas y ralladores suenan bien pero es fácil que provoquen pequeñas hemorragias y no todo el mundo las aprecia.

En general la madera es siempre segura y fiable. Un buen juego de cucharas y espátulas de madera, en diversos tamaños y formas, es siempre una adquisición recomendable.

Siguiendo en la cocina, un simple juego de tenedor y cuchillo (si este último no es de pescado) también ofrece amplias posibilidades. Pinchar, cortar, raspar, golpear, todo eso. Los cortadores de pizza (de nuevo con mesura en la presión) dan un largo recorrido por zonas más o menos sensibles. En general hay un mundo de opciones de fácil acceso.

Si en algún lugar se ha inculcado disciplina en este mundo es en las escuelas británicas tradicionales. La regla siempre ha sido la herramienta estrella y como tal se puede usar para azotar exactamente de la misma forma que se usaba en los templos del saber elitista. Nudillos, nalgas y puntas de los dedos son lugares que el progreso educativo no debería hacernos olvidar. La versión casera, el cinturón, pone a disposición de cualquiera lustros de efectividad disciplinaria.

Las ya mencionadas chinchetas tienen un buen papel. Clavarlas en un trozo de cartón y fijar éste, por la parte correcta, a la ropa interior, por ejemplo. Su uso es versátil como juego y castigo.

Las pinzas son también un territorio vasto y muy explorado a la hora de jugar. Elecciones obvias son las pinzas de tender la ropa, con múltiples aplicaciones, y la posibilidad de reforzarlas con gomas o atarlas entre sí con cordeles o hilos. Una percha de pantalón (siempre que las pinzas sean adecuadas) ofrece una forma fácil de añadir peso y otras suspensiones más o menos dolorosas. Los ya mencionados palillos chinos se pueden atar entre sí por los extremos pinzando una y mil partes del cuerpo.

En cuanto a la restricción de movimientos, cinturones y cintos, tanto de ropa de calle como de albornoces y batas, hacen un buen papel para inmovilizaciones básicas pero excitantes. Algo tan triste como una goma de pelo puede usarse para cosas más limitadas pero también interesantes, como ataduras entre los pulgares de pies o manos. También quiero citar aquí al amigo «film de plástico», unas cuantas vueltas y algo tan místico como la momificación nos espera en cualquier despensa.

Más ojo hay que tener con las velas. Son tentadoras, pero es probable que las del Lidl no tengan un punto de fusión correcto y provoquen poco o demasiado efecto. Si no se sabe el material que se tiene entre manos (triple ojo con las aromáticas) es mejor andar con cautela.

Pero para tener cuidado, dos cosas que quiero comentar como último devaneo. La primera son las pronto ilegales bolsas de plástico. La asfixia es cosa seria y algo sobre lo que el Top debe tener plena conciencia durante la práctica, sabiendo de antemano dónde están los límites de la persona a la que domina. La segunda es una dicharachera práctica de la CIA conocida como waterboarding. El Top debe tener cuádruple conciencia de dónde se mete y mete a su sumiso. Sólo hace falta un trapo y agua, pero la cosa puede torcerse mucho.

Plumeros, lijas, cepillos eléctricos. El límite es el cielo. Y lo importante es divertirse.