Feminismo. Desde que entré en este mundo fueron constantes las dudas que tuve, ya que me consideraba feminista y eso provocaba en mí una serie de contradicciones continuas. La información encontrada cuando buscabas «BDSM» en Google era principalmente imágenes de mujeres modelo en posición de sometimiento a la de un hombre, el claro ejemplo de Ken y Barbie pero vestidos de cuero, con látigo y cadenas.

¿Cómo era posible que eso me gustase a mí? Pues porque partía de estereotipos, de un ideario creado socialmente sobre qué era BDSM. Si a esto le sumamos que existe un debate dentro de la psicología sobre si el BDSM, como cualquier parafilia, debería encontrarse dentro de un manual de diagnóstico o no, apaga y vámonos.

Fue, por tanto, un camino de aprendizaje y de información que me ayudó a mitigar los estereotipos creados socialmente sobre el mundo BDSM. Tras tres años de prácticas y alrededor de un año de estar dentro de una relación 24/7 con mi Amo y Señor me he decidido a escribir artículos de opinión como éste. Pretendo, pues, exponer mi punto de vista sobre parte de mis propios fantasmas. Fantasmas que quizás tengan otras mujeres sumisas. Me sentiría satisfecha con que alguno de estos artículos ayudasen a aclarar las dudas de las personas curiosas sobre este mundo.

Con el objetivo de establecer una unión entre estos dos términos, feminismo y BDSM, es imprescindible entender su definición.

Entendemos por Feminismo una doctrina y un movimiento social y político cuyo objetivo es la igualdad entre hombres y mujeres a través de la emancipación de éstas, así como la conquista de los derechos que habían sido reservados para los hombres. Supone, pues la toma de conciencia por parte de las mujeres. Una de las definiciones que más me gustan es la que hace la activista y política afroamericana Angela Davis: «El feminismo es la idea radical que sostiene que las mujeres somos personas».

Respecto al BDSM, podemos definirlo como un conjunto de practicas que abarcan el bondage (B), dominación (D), sumisión (S) y masoquismo (M), basándose siempre en que sea SSC: sano (desde una perspectiva de equilibrio psicológico), seguro y consensuado.

Y he aquí el meollo del asunto. ¿Por qué puede considerarse válido un lado feminista dentro del BDSM alejado de la perspectiva de mujer dominante? Varios son los motivos que me hacen pensar que sí.

Existe una idea estereotipada sobre el BDSM, nutrida principalmente por la ignorancia y por la representación falsa de estas prácticas. Parece que «50 Sombras de Grey» (la más famosa de las múltiples obras de ficción que tratan el tema) ayuda a visibilizar el BDSM, pero a mi forma de ver lo estereotipa, a través de relaciones tóxicas cuyos personajes sufren de una serie de taras emocionales dignas de una telenovela. En definitiva, la imagen de quienes deciden practicar estas relaciones ya sea a través de roleplay, como experimento sexual o incluso llevándolo al extremo en un 24/7 son personas emocionalmente desequilibradas. Desde luego desequilibrados encontramos en todas partes.

El BDSM parte del consenso. Esto significa que tiene que existir un entendimiento consciente de las prácticas y los roles que se asumen en la relación. La coacción no debe existir. Si no, no es BDSM, es maltrato. E incluso en un escenario de falta de consenso hay algunas curiosas excepciones de las que algún día nos gustaría hablar (metaconsenso, el llamado Consensual Non Consent, por ejemplo).

No existe una diferenciación de roles según el Patriarcado establece de forma genérica. Mientras éste sostiene y alimenta la diferencia de poder entre el hombre y la mujer en casi todos los aspectos de la vida, inclusive en las relaciones de pareja, en el BDSM encontramos que el poder y el control lo puede ejercer tanto un hombre como una mujer. Pasa exactamente lo mismo con la parte sumisa.

Las mujeres que cedemos el control a otra persona lo hacemos por voluntad propia. Lo hacemos porque nos gusta y así lo deseamos. No respondemos a la imagen clásica de mujer sumisa bajo el yugo del Patriarcado. No formamos parte de relaciones «vainilla», normalizadas socialmente. Y aunque muchísimas hayamos sufrido el machismo, a veces en su vertiente más casposa, nuestra relación no responde a los cánones establecidos.

Los hombres sumisos también existen ¡y no son pocos! Como ya había comentado
anteriormente el BDSM rompe los roles establecidos socialmente. Mujer sumisa, hombre dominante. Los hombres sumisos aparecen en el escenario BDSM, en el cual, la sumisión y la dominación no tienen por qué ir ligadas a un género o a un sexo. Esta abstracción enriquece esta cultura y prueba que son posibles relaciones plenas y sanas fuera de las estructuras tradicionales.

Continuaremos tratando estos temas, y si tienes algo que aportar recuerda dejarlo abajo en los comentarios y/o ponerte en contacto con nosotros.

(La imagen de este post la hemos robado de aquí. La pintada nos encanta aunque con el artículo que la acompaña no estamos de acuerdo).